Nuit: Meditación con la diosa de Febrero

14-Feb-2018

Maeve Madrigal es sacerdotisa de la diosa Nuit en el Temple of Isis-Nvit de la tradición Thelema de los Paises Bajos.

 

 

 

 

 

 

 

Acuario, el signo de Febrero, es un signo fijo en el que todas las características del zodiaco se unifican en un ideal común. Acuario busca la verdad de todas las cosas y desea la comunión espiritual con toda la Humanidad. Los acuarianos piensan con anticipación y son pioneros en innovación e ideales, pero también son tozudos y se rebelan contra la autoridad establecida si le parece anticuada o disfuncional.

 

El signo de Acuario es la Espiral, que nos cuenta que todo el Universo y la forma está aún en movimiento, girando eternamente. La espiral representa el movimiento cíclico de la naturaleza y del cielo, reflejado en la espiral de la Vía Láctea: Una invitación constante a mirar más allá de nuestras limitaciones físicas y mentales, de nuestros sueños y realidades. Estos son los dones de Acuario, enseñarnos que la vida, que tantas veces parece una línea recta alienante, es una espiral interminable de crecimiento, conocimiento y manifestación.

 

Nut, Nuit, la diosa egipcia del cielo, formaba con su cuerpo azulado toda la bóveda celeste. Esposa de Geb en contra de los deseos del propio Ra, fue separada de su amado durante el día, pero baja a la tierra durante la noche, causando así las horas de oscuridad. Protectora de los muertos, de los que andaban a oscuras, a los que daba cobijo y protección y la facultad de "volver a nacer", Nuit es la gran diosa madre de las horas oscuras, que nos protege con su cálido manto estrellado, abrazándonos con su cuerpo, que es el firmamento, la misma promesa de fe y esperanza hecha materia. La misma materia de la que están hechos los sueños.

 

MEDITACIÓN

Estás en un camino al atardecer, rodeada de la escarcha del invierno, sobre los primeros brotes de los almendros y los sauces. Caminas lentamente, arrebujada en tu jersey de lana gorda, bajo tu abrigo de invierno preferido, respirando el aire frío y disfrutando del crujir de tus botas sobre la tierra del camino aún fría de Febrero. El mundo es hermoso y el aire es ligero a tu alrededor. Lentamente, el cielo se está oscureciendo y el camino, antes largo, recto y sin final va estrechándose a medida que avanzas, hasta que empieza a ser demasiado agobiante y te sientes rodeada por la espesa vegetación del bosque que te rodea. Te detienes un momento, sin saber bien qué hacer, si volver sobre tus pasos o continuar adelante. La noche está cada vez más cercana, y el frío arrecia. De repente, antes de que puedas tomar una decisión, notas que el camino se mueve bajo tus pies, cayendo ligeramente, poco a poco,  mientras se empieza a curvar lentamente a la derecha. Ahora eres literalmente llevada por ese camino en espiral, entre las sombras del bosque a ambos lados del sendero, bajando, bajando, bajando a lo más profundo del bosque, dando cada vez vueltas más estrechas, cada vez más rápido,  hasta que la oscuridad es total y no podrías decir si bajas o subes: te sientes como en un tiovivo, pero no te mareas, ni sientes miedo. Sólo te dejas llevar.

 

Sin previo aviso, el mundo a tu alrededor se detiene, llega un momento de calma total y la luz del crepúsculo se desvanece.Ya no hay movimiento alguno, y sólo escuchas el sonido de tu respiración, tranquila y lenta. El camino en espiral ha desaparecido bajo tus pies y tu cuerpo flota en el espacio, ligero y liviano, sin masa, rodeado por una oscuridad total aterciopelada. Sin temores, sin penas, sin dudas. Sólo oscuridad, respiración. Paz.

 

Te mantienes respirando en paz en esa calma pausada y sin luz durante unos instantes, con tu mente relajada y tu cuerpo flojo y suelto.

 

De la profundidad de la oscuridad que te rodea, comienzan a surgir, lejanas, muy pequeñas, unas suaves luces redondas, a penas unas chispas flotando a lo lejos y sobre ti. Lentamente, tus ojos recuperan la capacidad de ver a su alrededor y ahora estás sentada en un prado suave y esponjoso. La temperatura es cálida y la brisa es agradable y llevas un ligero vestido de verano de tirantes, que se extiende a tu alrededor. Las chispas, doradas y azuladas, crecen y forman sobre tu cabeza estrellas titilantes. Miras a tu alrededor, reconfortada, maravillada por el espectáculo de una noche tan estrellada, sin luna y azulada, que te permite ver lo que parecen  kilómetros tu alrededor sin ninguna dificultad, de prados verde oscuro, de leves colinas pardas. Sobre ti, ahora claramente, aparece la bóveda celeste, llena de luces estrelladas como hermosas luciérnagas que volaran a lo lejos.

 

Te invade una profunda emoción, llena de reminiscencias del pasado. Sabes que reconoces ese lugar. Sabes que nunca has estado allí antes. Pones tus dos manos, entrelazadas, sobre tu corazón y es, en ese momento, cuando empiezas a entreverla sobre ti. Las estrellas dibujan los contornos de su cuerpo. Las nubes oscuras dan volumen a sus muslos y a sus pechos. La bóveda del cielo, antes cóncava y lisa, un espejo agujereado de estrellas frías y lejanas, empieza a tomar forma. Y son las formas de una mujer, oscura y azul,  imponente y al mismo tiempo cálida, que curva su cuerpo sobre la faz de la Tierra, protegiendo en su regazo los prados en los que estás sentada. Te giras para ver como, a tu espalda y a lo lejos, sus piernas se hunden por los tobillos más allá de la curvatura de la Tierra. Vuelves a mirar al frente justo para ver como sus brazos van apareciendo de la nada, hasta hundirse a la altura de las muñecas más allá del horizonte estrellado. Es enorme, es de raso, es una mujer y, al mismo tiempo, es el cielo protector sobre tu prado. Te encuentras justo bajo su ombligo. Y ella está inclinando el mentón en ese momento para poder mirartea los ojos. Te sonríe.

 

El asombro y la maravilla de ser espectadora de ese momento mágico de revelación, en el que ves al cielo nocturno convertirse ante tus ojos en una diosa inclinada sobre ti, cede al profundo Amor de su mirada. Su Amor, profundo e incondicional, te embarga. Nuit está moviendo la boca, pero no se oye ninguna voz en el mundo, sólo dentro de tu mente. La diosa te está dando un mensaje, sólo para ti, de promesas de alba y de nuevos comienzos. ¡Escúchalo ahora!

 

 

Al terminar, sientes que tu cuerpo flota de nuevo, ingrávido, envuelto en una neblina cálida y suave, y la deliciosa visión del prado, el rostro de la diosa y su cuerpo gigantesco y amoroso desparecen poco a poco de tu vista. Cierras los ojos y, al abrirlos, te encuentras de nuevo en tu camino del bosque, recto y plano, de tierra crujiente, ahora rodeado de lavandas y tomillos, de nuevo abrigada bajo tu jersey y tu abrigo de favorito. Respiras profundo el aroma de las hierbas. Ha amanecido, y  te encuentras con la puerta de tu casa  a apenas unos metros. ¡Estás de vuelta! Te sientes renovada, reconfortada, con un sentimiento cálido en el corazón, hecho de confianza en el futuro, de seguridad en ti misma y de conocimiento de que siempre estarás protegida, de que eres amada, que ya nunca te abandonará. Como el recuerdo de tu prado luminoso en la noche azulada y estrellada, del regazo de la diosa Nuit siendo tu cielo, protegiéndote y el don de sus palabras.

 

 

 

Mucho Amor.

Maeve Madrigal

 

 

Imagen: Nyx by Shadowgirl on Deviantart

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