HOMBRE RICO, HOMBRE POBRE

13-Jul-2019

 

'Creo que uno de los problemas más graves que he tenido en mi camino de auto aprendizaje para amarme de nuevo a mi misma ha sido precisamente eso, aprender a diferenciar el auto cuidado de la auto indulgencia. Cuándo estamos gastando en cosas que no necesitamos para aliviar la ansiedad que nos produce el no conocernos y no saber realmente lo que queremos, y cuando nos estamos concediendo a nosotros mismos desencadenantes, objetos hermosos que nos ayudan a apreciarnos más y hacernos felices. Para mí, conocer esta diferencia ha significado un cambio radical. Ahora sé bien cuando rodearme de objetos hermosos que me hacen feliz y me inspiran y elevan mis vibraciones y cuando estoy haciendo gastos innecesarios de los que después sin duda me arrepentiré... Es la diferencia entre el pensamiento del Hombre Rico y el del Hombre Pobre'.

 

 

Hace unas semanas compartía esta imagen de mi altar de trabajo en mi feed de Instagram y os comentaba que tan importante había sido para mi crecimiento personal saber diferenciar la auto indulgencia de auto cuidado. Pero Instagram se quedaba corto y este tema tiene mucha tela que cortar: Lo prometido es deuda, así que vamos a ello, porque esta es, para mi, la clave más importante no sólo en mi camino de auto aprendizaje y auto conocimiento, sino en la apertura de Las Puertas de la Abundancia, ahí es nada.

 

Cambiar tu tipo de pensamiento de Hombre Pobre -lo que nos ha inculcado la Matrix desde que tuvimos edad para que nos pusieran delante de una tele, móvil u ordenador- a Hombre Rico, tiene mucho más que ver con amarse uno mismo, con aprender a creer, con cambiar nuestra perspectiva y disfrutar más de la vida que realmente con el dinero en si mismo. Aunque, si te lo estabas preguntando, sí, también abre las puertas al dinero, de maneras que te van a sorprender. 

 

Desde que somos pequeños, la televisión, la películas, las series, nos van inculcando una serie de ideas sobre la abundancia dirigidas a que comprendamos que lo que tenemos es lo que hay y que lo que hay nunca será suficiente. La primera es que para vivir, ser feliz, vencer a la adversidad y disfrutar tienes que ser de una clase social determinada (desahogada, muy desahogada), o que para conseguir más, ya sea dinero, amor, creatividad, salud, felicidad, debes esforzarte y dañarte hasta la extenuación. Y que si no consigues progresar, en cualquier sentido, la culpa sin duda es tuya por no esforzarte suficiente.

 

Hollywood es una máquina perfecta de construir esclavos, casi me provoca admiración, te lo reconozco. El héroe que consigue superar la más grave adversidad económica, a pesar de los duros golpes del destino y de pertenecer a un grupo de exclusión social, a fuerza de tesón, fortaleza de carácter y una pizca de ayuda desinteresada del prójimo (ejem). La protagonista que tras una gran pérdida en la vida lo deja todo para viajar por países exóticos durante tiempo indeterminado (debe tener un jefe maravilloso y una cuenta corriente a prueba de bombas) para retornar cambiada espiritualmente gracias a ese viaje al alcance de unos pocos. Y si no hay viaje, no hay crecimiento espiritual. Y si no hay esfuerzo casi sobrehumano, no hay NADA.

 

Así, creces con la idea de que el día que los planetas se alineen y te toque la lotería, podrás alquilar ese piso grande en tu ciudad de ensueño y compartirlo con una serie de amigos encantadores y un tanto  excéntricos, con los que pasar la mayor parte del día en una cafetería con encanto en la que tendréis un sofá permanentemente reservado. Qué maravilla, con amigos así todo será posible. Pero consigues tu primer trabajo, y eso con suerte, y compruebas que tu sueldo difícilmente da para un piso de 35 metros cuadrados si no directamente compartido, y que tus amigos pasan igual que tú la mayor parte de su día en el trabajo o viajando al trabajo o haciendo la compra semanal, y nunca puedes disfrutar de ellos si no es por Whatsapp o Instagram. Entonces, con la lección bien aprendida y bien adoctrinado, te convences de que si trabajas lo suficiente podrás superar lo que tienes, como hizo Rachel, y acabar trabajando en Ralph Laurent y teniendo todo el tiempo libre del mundo. Por no hablar del bronceado. Pero en el fondo de tu corazón sabes que no es cierto, que da igual lo que te esfuerces, lo que trabajes, los sacrificios que hagas. Aunque en alguna ocasión te hayas vuelto loco y tirado de tarjeta de crédtio para vivir, por un par de semanas, la vida que te han convencido que te mereces y te vayas a pasar el resto de tu vida pagando las cuotas al 17%. Cada vez más endeudado, más defraudado, más triste y más convencido de que no te estás esforzando lo suficiente. De que el sueño dorado está al alcance de tu mano y, si aún no lo has conseguido, el culpable eres tú mismo.

 

Pero sonríes.  Mientras acumulas en favoritos imagenes 'inspiracionales' que te ayuden a esforzarte más en el gimnasio esa semana para que puedas cambiar tu cuerpo, tu envoltorio sagrado, y embutirlo en unos pantalones pitillo que no se hicieron para abrazarlo, sino para tener un tamaño determinado. Te dices que esta vez sí podrás conseguirlo, porque no importa lo que tu cuerpo necesite para funcionar bien, o el tamaño que naturalmente tenga, o que te grite desesperado en medio de la noche a base de atracones a pie de frigorífico. Lo importante es dominarlo para que entre en el pitillo. El pitillo lo han convertido en el estandar de tu vida, y toda tu vida está dirigida a caber en ese pitillo.

 

Lo dicho, una perfecta máquina de fabricar esclavos. Ya estás metido de lleno en la mentalidad del Hombre Pobre.

 

El hombre Pobre, aleccionado a que todo lo malo que le pasa es culpa suya, sabiendo en su interior que nunca podrá conseguir todo aquello que desea, se da 'homenajes'. Me explico: Cuando tienes que ahorrar hasta el último euro para pagar el alquiler (o hasta la última caloría de tu cuerpo para saltarte una comida y que la báscula llegue a la cifra mágica del mes), si ocurre cualquier cosa... tienes un mal día, el jefe te grita, pierdes el autobús con una hora diaria de viaje que haces cada día, necesita desfogarse, necesita desahogarse, necesita quitarse como sea algo de presión. Porque la presión a la que vive sometida su alma es realmente insoportable. Así, gasta dinero en lo que sea (o se come un pastel entero sin pensarlo si quiera) porque, "con todo lo que tengo encima ahora mismo, me lo MEREZCO". Y ese objeto comprado, que tanto le gustó media hora antes, sin el que no podía vivir y ahora no puede devolver, ese objeto que le hacía feliz y vale la mitad de la factura de la luz de ese mes, se quedará en un rincón de su habitación, mirándole con ojos acusadores, recordándole que no tiene fuerza de voluntad, que todo lo que le gusta está maldito y podrido, y nunca, nunca lo podrá disfrutar.

 

Al hombre pobre, por dentro y por fuera, no sólo le han robado su vida, sino su capacidad de tomar decisiones en ella y de disfrutar lo que con tanto trabajo ha logrado conseguir.

 

Vaaale, ahora vamos a ver la otra cara de la moneda. El Hombre Rico. Al Hombre (en breve) Rico se la pela morena perder los bofes complaciendo a su jefe, porque ya sabe que nunca conseguirá ese ascenso aunque lo merezca, porque su jefe es un capullo integral. Hombre (en breve) Rico se ha deprimido mil veces, ha tomado pastillas, se ha echado la culpa por no ser suficientemente bueno hasta hartarse. Ha intentado 14 sistemas infalibles de trainning para lucir pectorales que sólo le han servido para hacerse daño y sentirse como una mierda (y no hablemos de los gases que producen los batidos de proteínas, luego que no consigue tener pareja). El Hombre (en breve) Rico ha caído mil veces en la miseria, se ha hecho daño a si mismo, se ha exigido, se ha reprimido, lo ha dado todo para conseguir las migajas de los ricos, el chocolate del loro, las sobras de la mesa. Hasta que un día, con la autoestima por los suelos, se sienta bajo un árbol. El sol atardece dorado. En una rama en el árbol, una abubilla con su cresta rayada. Todo es hermoso. Y se da cuenta de que no es él el que es una mierda, que no es su vida la que es una mierda, que no es su cabeza la que es una mierda. Sino el sistema. Y empieza a agradecer. Da igual lo que sea. A su cuerpo por no haber muerto de tanto sufrimiento. A su madre por parirle tan fuerte. Al sol, al árbol, a la abubilla. A su tía. 

 

Se le inflama el alma. Marcha para casa con el ánimo de otra manera, a enfrentarse a la fregada de una semana abandonada en la cocina, pero con ganas de recogerlo todo. No porque esté obligado a meterse una vez más en esa cocina pequeña e incómoda de hombre pobre y desgraciado, sino porque quiere realmente que esté ordenada, porque no sabe el porqué, quiere darse a si mismo esa noche una buena cena. Sonríe al subir las escaleras al cruzarse con el pesado del 4º, que siempre le ha caído mal y es un borde de cuidado. Y esa noche -él no lo sabe- el pesado del 4º por segunda vez ha pensado en suicidarse porque ya no puede más con la soledad de ser viudo. Esa sonrisa lo va a cambiar todo. Hombre (ahora) Rico y Borde del 4º, por primera vez van a parar a hablarse, no a reprocharse nada, sino a hablar de verdad. Y el mundo, para ambos, va a ser un lugar realmente más agradable, menos exigente, más disfrutable durante un rato. Vaya -piensa asombrado Hombre (ahora) Rico, Borde del 4º es un tío realmente majo, mientras sube para su casa, su pequeño piso y no hoy no le parece tan oscuro, ni tan pequeño. Mira a su alrededor y se da cuenta de cuánto esfuerzo, dinero y sacrificio ha invertido en él y ese mirar su vida material con otros ojos le hace sentir un gran amor y piedad por si mismo. Por su yo del pasado que se dejó media vida para conseguir pagar la entrada, el que estuvo 5 años sin vacaciones en la playa, y se da las gracias a si mismo por todo, por tanto esfuerzo y porque, al fin y al cabo, juntos su yo del pasado y él han conseguido llegar hasta allí. Y se promete a si mismo no volver a olvidar ese sentimiento y lo mucho que ha pasado en esta vida. Y se promete a si mismo darse, a partir de ahora, mucho más.

 

Acaba de poner en marcha La Rueda de La Magia.

 

Vengaaa, que me pongo pesada. Voy a dar las claves. Hombre (ahora) Rico acaba de dejar de conformarse con lo que tiene, como si fuera un castigo kármico inevitable, al mismo tiempo que acaba de dejar de exigirse a si mismo luchar hasta morir por todo. Empieza a ser consciente de lo mucho que tiene y se da cuenta de que quiere MÁS. No que desea más cosas, o personas, o bienes. Sino que quiere darse a si mismo MÁS. Más cosas de las que sentirse agradecido, repetir más veces esos momentos que acaba de vivir, en los que, por primera vez en meses (¡años!) su alma ha podido ser libre otra vez. Porque después de todo por lo que ha pasado se merece sólo el más grande Amor que pueda proporcionarse a si mismo. Eso cambia la energía del esclavo y la convierte en energía del amo, pone en marcha las ruedas de la magia y cambia su destino.

 

¿No me crees? Hombre Rico y Borde del 4º no son dos personajes de este relato. Existen en carne y hueso. Alif y Josué se casaron el 14 de Mayo en una ceremonia preciosa en el Ayuntamiento de Valladolid. Hacen una pareja bonita, me encanta verlos. Son de esa gente que, cuando la miras, sabes que están compartiendo de verdad su vida, dan envidia cochina. Josué, ahora Hombre Rico nº2, presentó a Alif a sus tías, que tienen una pastelería en un pueblo cercano y este redescubrió su amor por la repostería (¿recuerdas la cocina pequeña y desordenada de hace un rato y a Alif sin saber por qué le apetecía meterse en ella esa noche que lo cambió todo?). Ahora trabaja con ellas, se han mudado al pueblo y las cosas, en muchos sentidos, les marchan bien. Económicamente han tenido un par de golpes de buena suerte; Alif tiene un taller los domingos por la tarde en el centro cívico, dónde enseña a las señoras del pueblo a cocinar pastelillos típicos árabes, que están como locas con los nuevos sabores y formas. Josué y él están reparando juntos la vieja casa familiar del pueblo, que es grande hasta decir basta y hay mucha felicidad a su alrededor y momentos que convierten en recuerdos dos personas que tenían adoctrinado el pensamiento del Hombre Pobre y ahora viven para siempre centrados en el pensamiento del Hombre Rico. Creo que en general la gente les quiere y en la casa hay una cocina grande, y pastelillos. Y bastantes abubillas.

 

No se trata del dinero. Sino de pasar de esclavo a amo y recuperar las riendas de tu destino. De poner en marcha la Rueda que Mueve la Magia. De arreglarte por dentro porque te has dado cuenta de que esta pantomima ya no te importa nada. Y, entonces, recuperar la sensación de lo mucho que te importa el Todo, y que el exterior empiece a funcionar por si mismo. El dinero también.

 

Se trata de darte Amor en vez de darte cosas y de aprender a darte cosas que hagan crecer el Amor en tu interior. De aprender a desaprender lo que te han enseñado y no te permite ser tú mismo. De que no hay excusas para ser feliz, sino falta de herramientas. De aprender a confiar en tu corazón.

 

Moraleeejaaa: La próxima vez que vayas a comprarte algo (o a comerte 7.000 calorías en MacDonal's), piensa esto. ¿Te estás dando un homenaje porque tu vida es una mierda, y sientes que te mereces un regalo por una vez? ¿O estás agradecido a rabiar por todas las bendiciones y las maravillas que hay en tu vida y por todo lo mucho que luchas por y para ti mismo... sí, pero QUIERES MÁS? Si la respuesta es esta última frase, adelante, cómete ese helado, compra ese ramo de flores, enmarca esa lámina que te tiene enamorado y que, al comprarla, de paso hace feliz a un artista que te está haciendo feliz a ti al vendértela. Si la respuesta es la primera, aún eres un esclavo.

 

Y el carcelero eres tú mismo.

 

 

¡Mucho Amor, coño bendito!

Maeve

 

 

Si cambiar tu pensamiento de Hombre Pobre a Hombre Rico es tu meta, sientes que vives atrapado en el pensamiento del esclavo y quieres recuperar el poder de volver a ser tu propio amo, lo siguiente en tu lista es aprender Las Claves de la Abundancia, con la master class de Tribu Mamáluna con los secretos para mantener en marcha la rueda de la magia y que la abundancia fluya en tu vida

 

 

 

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